Una vieja canción de Víctor Manuel preguntaba: «¿A dónde irán los besos que no damos? ».

Hoy me preguntaba: «¿A dónde las emociones que no contamos?».

Último domingo de abril. Romería de la Virgen de la Cabeza en Andújar, una ciudad como casi el resto del mundo confinada. Declarado el estado de alarma y el de ánimo, tocado, el de todo este pueblo.

Adiós al jueves, viernes y sábado de Romería. Adiós a los reencuentros, a los abrazos, a la bienvenida a las cofradías. Esto en cuanto a las formas, porque en el fondo…claro, claro que hemos vivido esta Romería.

La del 2020 ha sido la del COVID19, la del confinamiento, la de la incertidumbre por el porvenir más inmediato, la del luto por los que se fueron, por todos los que se están yendo. La del tributo a los héroes, a todos los héroes.

La Romería de los balcones, convertidos casi en capillas, pero también en carretas de las que van por praderas o dehesas cerca de las aguas del Jándula. Romería entre vecinos y el adorno de sus calles, los de la puerta de al lado o los del balcón de enfrente. Del ¿Qué necesitas? ¿Te
llamo y hablamos y así sujetamos las ganas de vernos arriba, en el Santuario? Ni cohetes ni pregones ni cofradía ni anderos ni peregrinos. Estremecedores tanto los vivas como los silencios por nuestras calles.

Ha sido la Romería de Facebook, WhatsApp o Instagram la que nos ha levantado el ánimo y también las lágrimas al ver tanto recuerdo, tanto beso o abrazo en años pasados. Y mira que algo mas tranquilos si que hemos estado. Cocinas limpias, sin caos, trajes de flamenca guardados o colgados en lugares insospechados, ni flores ni horquillas ni pulseras ni pendientes por ahí tirados. Ningún laberinto ni desatino entre las gentes del caballo y ahora que lo pienso, ni una sola crítica a lo organizado.

Pero, a pesar de todo, el último domingo de abril del 2020 nos invitaba a la esperanza.

Mensaje del Papa Francisco a los romeros, cómo me he acordado en ese momento de todos los anderos. Y cuando esa reina de la sierra debería de haber estado reencontrándose con sus gentes y después de más de 40 días de un país encerrado, los más pequeños empezaban a salir de casa, solo a dar pequeños paseos. Los datos de la pandemia comenzaban a ser algo más favorables. Y mientras los balcones recobraban cierta normalidad, todos hemos pensado que la del próximo año tiene que ser una Romería muy muy especial.

María Quirós Gómez.

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